“La evaluación se reconoce actualmente como uno de los puntos privilegiados para estudiar el proceso de enseñanza y aprendizaje. Abordar el problema de la evaluación supone necesariamente tocar todos los problemas fundamentales de la pedagogía. Cuanto más se penetra en el dominio de la evaluación, tanta más conciencia se adquiere del carácter enciclopédico de nuestra ignorancia y más ponemos en cuestión nuestras certidumbres. Cada interrogante planteado lleva a otros. Cada árbol se enlaza con otro y el bosque aparece como inmenso” (Cardinel, 1968)
La evaluación se convierte, en muchas ocasiones, en el puente o vinculo principal entre la enseñanza y el aprendizaje. Al hablar sobre evaluación estudiantil, se esta hablando al mismo tiempo de una serie de aspectos que van mas allá de unos resultados cuantitativos mediante los cuales se pretende determinar “que tanto han aprendido” los estudiantes. La evaluación, entendida como una serie de acciones continuas que los docentes realizan de manera cotidiana en el aula para indagar sobre el nivel de formación que han alcanzado sus estudiantes, no puede reducirse solamente a los resultados arrojados por los exámenes que son, en ultima instancia, una simplificación de la evaluación. Estos resultados, si bien son importantes para conocer el grado de adquisición de ciertos conocimientos y habilidades, constituyen solo uno de los elementos que forman parte de la evaluación en sentido más amplio. De esta forma, los resultados de los exámenes deben convertirse en un punto de partida para nosotros los docentes.
La evaluación así se constituye en un indicador que posibilita determinar la efectividad y el grado de avance de los procesos de enseñanza, aprendizaje y formación de los estudiantes, a la vez que nos permite a nosotros los docentes valorar nuestra labor y reflexionar en torno a ella para reorientarla y corregirla, de manera que contribuya, significativamente, a mejorar los procesos de enseñanza en el aula para promover un mejor aprendizaje. Tal como lo mencionan Díaz Barriga y Hernández Rojas (2000) “la evaluación del proceso de aprendizaje y enseñanza es una tarea necesaria, en tanto que aporta al profesor un mecanismo de autocontrol que la regula y le permite conocer las causas de los problemas u obstáculos que se suscitan y la perturban”, en este sentido las practicas evaluativas influyen de manera directa en las practicas de estudio (formas particulares de estudiar) que emplean los estudiantes y en la forma en que asumen la evaluación misma.
La evaluación se convierte, en muchas ocasiones, en el puente o vinculo principal entre la enseñanza y el aprendizaje. Al hablar sobre evaluación estudiantil, se esta hablando al mismo tiempo de una serie de aspectos que van mas allá de unos resultados cuantitativos mediante los cuales se pretende determinar “que tanto han aprendido” los estudiantes. La evaluación, entendida como una serie de acciones continuas que los docentes realizan de manera cotidiana en el aula para indagar sobre el nivel de formación que han alcanzado sus estudiantes, no puede reducirse solamente a los resultados arrojados por los exámenes que son, en ultima instancia, una simplificación de la evaluación. Estos resultados, si bien son importantes para conocer el grado de adquisición de ciertos conocimientos y habilidades, constituyen solo uno de los elementos que forman parte de la evaluación en sentido más amplio. De esta forma, los resultados de los exámenes deben convertirse en un punto de partida para nosotros los docentes.
La evaluación así se constituye en un indicador que posibilita determinar la efectividad y el grado de avance de los procesos de enseñanza, aprendizaje y formación de los estudiantes, a la vez que nos permite a nosotros los docentes valorar nuestra labor y reflexionar en torno a ella para reorientarla y corregirla, de manera que contribuya, significativamente, a mejorar los procesos de enseñanza en el aula para promover un mejor aprendizaje. Tal como lo mencionan Díaz Barriga y Hernández Rojas (2000) “la evaluación del proceso de aprendizaje y enseñanza es una tarea necesaria, en tanto que aporta al profesor un mecanismo de autocontrol que la regula y le permite conocer las causas de los problemas u obstáculos que se suscitan y la perturban”, en este sentido las practicas evaluativas influyen de manera directa en las practicas de estudio (formas particulares de estudiar) que emplean los estudiantes y en la forma en que asumen la evaluación misma.
Así, la evaluación ha de ser parte integral en el proceso de aprendizaje y aportar información útil tanto para los profesores como para los alumnos. Por lo tanto, antes de emprender una tarea, éstos han de saber qué capacidades necesitan movilizar para llevarla a cabo. Igualmente, han de saber si van por el camino apropiado para alcanzar las metas asignadas. Por fin, al finalizar la actividad, han de poder medir fuerzas y flaquezas, lo que han adquirido y lo que queda por adquirir, valorar las estrategias empleadas.
De esta manera, la evaluación ha de acompañar y guiar al alumno en el proceso de aprendizaje. Ahora bien, la experiencia demuestra que lo que solemos llamar evaluación en nuestro sistema escolar, las más veces no sirve para ayudar al alumno sino para juzgarlo con arreglo a diversos criterios y estándares, como por ejemplo con una nota sobre una escala de 0 a 7. ¿Pero la nota realmente refleja el conocimiento del alumno?
Por lo tanto, creo que hay que renovar el método de evaluación que aun se sigue utilizando, es verdad que hay que implantar una evaluación igualitaria, pero también es verdad que esos 45 alumnos que voy a tener en la sala de clases no aprenden de la misma manera, por lo tanto tampoco no rendirán de la misma forma en la evaluación que yo igualitariamente implantaré, por lo mismo deberíamos buscar un medio de evaluación mas personalizado, donde se evalúe al alumno de la mejor manera posible, y que a la vez vaya en beneficio de su aprendizaje.
En resumen la evaluación de los estudiantes debe ser un proceso transparente y abierto, consensuado y sin ningún velo de misterio que oculte su intencionalidad, para que se convierta en un área de oportunidades y sea al mismo tiempo un espejo en el cual docentes y estudiantes puedan reconocerse y reconocer sus acciones.
Las anteriores consideraciones son una forma de mostrar las posibilidades y dificultades de abordar la evaluación de los estudiantes como un proceso integral e integrador, que sea de carácter formativo y que contribuya a mejorar la calidad de los procesos educativos. Asumir la evaluación como un proceso formativo, en permanente construcción y cambio, implica transformar las concepciones tradicionales y los esquemas rígidos de enseñanza y evaluación en los cuales las actividades evaluativas, mas que convertirse en un puente de comunicación entre docentes y estudiantes para identificar debilidades, dificultades y opciones de mejoramiento, son un mecanismo de poder y control para los primeros y una forma de sometimiento e intimidación para los segundos. Por lo tanto yo me pregunto ¿estamos dispuestos a cambiar esta concepción tradicional de la evaluación?

1 comentario:
Estimada alumna tú calificación es la siguiente:
Felicidades expresas reflexiones verdaderamente muy profundas y trascendentales como la evaluación de proceso y formativa, apuntando a satisfacer cada tipo de aprendizaje. Todo esto suena muy lindo, pero ¿Cuál es ese medio de evaluación mas personalizado? ¿De donde se extrae? O ¿Cómo se construye? No debes esperar a enfrentarte a una sala de clase para responder a esto, por que en esa instancia solo te dejaras llevar por lo que se ha hecho siempre, por esto se ha necesario estar preparada.
Tu nota es un 93
Atte.
La Profesora
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